martes, 5 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Te he forjado
cada día
lentamente
con fuego,
sed y pasión
como se trabaja
el hierro.
Te he hecho
de imagines,
de sueños
y de deseos.
Te he pintado
con palabras claras
como el agua
y la luz del sol.
Intensas
y nostálgicas
como el ocaso
frente al mar
con la brisa tibia
que te envuelve
y hace volar
tus cabellos.
Te he esculpido
en piedra y mármol
para no olvidarte
porque eres
vida y sueño.
Te he creado
poco a poco
y ahora eres
más fuerte que yo
y de tu castillo
soy un solitario
prisionero.
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