...y así sucedió, que a la trémula y tenue luz de unos viejos candelabros, envueltos y amparados bajo la sombra del crimen, y sobre un lecho hecho de pétalos de rosas, yacen ellos anudados y sin ropas, exudando sus ganas locas por saciar a esos demonios sediciosos e instintivos que emergen jadeando de la copulación.
Ya han pasado algunos minutos, y ya en el umbral del apogeo, se atenúa progresivamente la trémula y tenue luz de los candelabros; y ella en un cambio rápido de posición, por saborear egoístamente el anhelado final, como una audaz malabarista suicida, sobre la larga y templada espada filosa del guerrero, ella se posa pausadamente, disfrutando el mirar al cielo con los ojos cerrados; e intantes después, un repentino alarido de ella fragmenta al silencio reinante y marca el clímax de sus pertubadas ansias femeninas.