Surges de las profundidades abisales de mi mente,
donde el recuerdo,
prepóstumo e indeciso,
aun no fue capaz de darte muerte.
Eres toda cuanto se puede pedir
a una mala pesadilla.
Me alimento de tu cuerpo de trigo y bebo
de la vendimia de tu boca la saliva
que verterás después sobre mi pecho
bajo tu lengua de lava incandescente.
A pesar de todo,
pese a las víctimas,
eres lo mejor que puede pasarme esta noche.
A la hora de los cuerpos
Se me antoja este vacío
Mi recuerdo va contigo
Mi mañana no amanece
Mi poema no termina
Todos los martes son trece
Voy a pensar que no existes
Solo para no perderte.