Me haces falta como el aire que me permite vivir, como el sol de medio día que ilumina y me muestra el camino, como el mar intensamente azul que me vio crecer, como las altas y blancas montañas que vigilaron mi infancia, como los verdes campos por donde corrí y aprendí que la vida es una y se conjuga con fuerza en presente. Porque cada minuto vivido es un milagro, lleno de sorpresas y conmovedoras pasiones que en este momento me llevan a ti como el viento austral que todo arrastra y que no conoce barreras. Todo me lleva a ti con fuerza. Todo a ti me empuja y te evoco, olvidando tiempo y espacio. Te quiero más de lo que puede contener mi pecho. El amor que siento por ti me desborda, dejándome un sentimiento pío y benevolente de abandono total, junto a una pasión carnal, incontrolable y perversa. Quiero romperme contra ti, hundiéndome en tu cuerpo. Llenándote de mí, invadiéndote sin pudor ni inhibiciones, penetrándote, mordiéndote. Quiero entrar en tu cuerpo impetuosamente, devorarte por fuera y por dentro, chupándote toda, bebiendo de tu alma, lentamente. Te anudaría a mí como una ola, mojándote tibiamente, llenadote de sal, sembrando con densas gotas blancas tus íntimas tierras. Yo te pertenezco y te sigo silencioso, fiel como una sombra, que en la oscuridad se funde plenamente con tu cuerpo. Voy apegado a ti como la piel para sentir, como ayer, tus suspiros y tu agitado pecho. Estás siempre presente. Te encuentro en todas las cosas y todo de ti me habla. La playa besada con pasión e insistencia por el mar perseverante, las gaviotas con sus interminables vuelos silenciosos, los árboles deshojados que esperan las caricias del sol para volver a brotar como yo espero las tuyas para quebrar esta ausencia que me agobia y desespera. Te llevo en mí. Siento en mis labios el sabor de tus labios y en mis manos el tierno calor de tus senos. Vuelvo a los lugares que visitamos y percibo un vacío que me inquieta. Algo en mi se rebela con fuerza y no acepta que estés distante. Tendido en el lecho, semidormido, con las luces apagadas, te busco como si sintiera una sed implacable por ti. Donde estás, donde has ido, porque me dejas sola, abandonada. En mi insistencia, me he vuelto una niña que no acepta razones y te busco abatida, llamándote en silencio con los ojos cerrados para conservar la ilusión de encontrarte y sentir en mi soledad que estás aun conmigo. Conmigo, abrazadas.